Testimonio de Jorge David Torres

Mi nombre es Jorge David Torres Lugo, nací el 3 de diciembre de 1983 en la ciudad de Santa Clara, Cuba. Tengo dos hermanas y un hermano, todos menores que yo.

Desde que nací mis padres no estuvieron juntos más, por lo que mi relación con mi padre cuando niño, no fue la mejor. No era un niño con problemas de conducta, por el contrario era muy correcto y dedicado, gracias en gran medida a la educación que me dieron mi madre y mis abuelos. Como todo niño hacia mis travesuras y me relacionaba bien con mis amiguitos del « barrio ».

Un domingo de esos que me estaba preparando para irme a jugar para el parquecito del frente de mi casa, mi tía abuela Hilda que asistía a la Primera Iglesia Bautista de Santa Clara, me dijo que si quería ir con ella a la iglesia, que allí hacían actividades para niños como yo. Entonces tenía 8 años, y fue la primera vez de muchas más. En un principio asistía a la iglesia con bastante irregularidad, iba un domingo si y dos no, luego iba dos seguidos, en fin, no era muy constante, pero ahora estoy seguro que Dios ya estaba trabajando con mi vida.

Recuerdo muy claramente las clases de primarios en la Escuela Dominical con mi maestra Mercedes Lugo. Recuerdo mis primeros encuentros con las maravillosas historias de David y Goliat, Moisés en Egipto, las Enseñanzas de Jesús, etc. Todo era eso: Enseñanzas, pero aún no había un cambio en mi vida interior, no sentía ese compromiso real con Dios, conocía de Jesús, pero no lo conocía a Él. Si algo pude aprender de esta época es que aunque alguien no sea cristiano aún, si mantiene esa relación con Dios, ya sea yendo a la iglesia, escuchando de alguna manera las enseñanzas de Dios, va a llegar un momento que la Palabra de Dios, que no vuelve a El vacía, va a dar su fruto.

Cuando llegue a la edad de 14 años, ya estaba en la clase de juveniles en la iglesia, y recuerdo que en la escuela secular me iba muy bien, era un alumno de buenas notas, y tenía muchos amigos, por lo tanto en las pruebas tenía que « ayudarles » a responder lo que no sabían. En las vacaciones de ese año fui a un Retiro Espiritual en « Mi Campamento » para juveniles, jóvenes de 12 a 16 años, y en la última noche, después de estar una semana de continua relación con Dios, con sus enseñanzas, alejado de la vida citadina, de mis amistades, pero “cerca del cielo” como decíamos allá, tome la decisión más importante de mi vida. Recuerdo que fue frente a la tradicional fogata que se hacia las últimas noches en ese Campamento, no recuerdo quien era el predicador, no recuerdo quienes estaban a mi lado, lo que si recuerdo es que ese día deje mi vida vieja de pecado, de mentira, de fraude, de solo conocimiento y no relación con Dios y comenzaba una nueva, con Cristo como timonel. Sabía que iba a ser difícil cambiar, pero di ese paso de fe y le pedí a Dios que me ayudara a cambiar inmediatamente. Y Dios empezó a trabajar.

En el inicio del curso escolar tome una de las decisiones más fuertes que un jovencito de 14 años, sometido a la presión de sentirse parte de un grupo, podía someterse: decidí no hacer más fraude. Fue duro, perdí « amistades », pero fue un alivio. Ya comenzaba a quitar estorbos en mi vida cristiana.

El deseo de saber más de Dios, de conocerle más íntimamente, me llevo a conocer mucho mejor a mi maestra de Escuela Dominical y a su esposo, María Elena Anido y Oziel Barrios. Con ellos comencé a leer libros de temas cristianos, apologética, doctrina, vida cristiana, conducta cristiana, etc. Los llegue a bautizar como mis segundos padres o padres espirituales.

Me bautice el 16 de julio del 2000. Después de este importante paso María Elena, mi maestra me invito a participar en el Ministerio de Juveniles de la Iglesia. Fue una experiencia maravillosa: Ser parte de la obra de Dios como ente activo, fue una de las experiencias como cristiano que más disfrute y disfruto.

Otro ministerio que fui participe fue el de Alianza Pro-Evangelización del Niño en el cual junto con María Elena también formábamos maestros de niños para dar las clases bíblicas más eficazmente. En uno de esos cursos conocí al regalo más preciado que Dios me ha dado: mi esposa Annielys Moya Castellón. Fue en un curso que dimos en Cumanayagua, Cienfuegos. Después de un noviazgo de casi dos años nos casamos el 2 de marzo de 2010 y ya llevamos tres lindos años de casados.

Gracias a Dios hoy mi madre y mi hermana son cristianas también. Asisten a la 1ra Iglesia Bautista de Santa Clara junto con mi sobrino y mis primas. Aun mi padre no es cristiano, pero tenemos una relación muy buena, oro porque un día el conozca al Señor como yo lo hice.

Dios ha mostrado su fidelidad en mi vida de una manera increíble. Todo lo que tengo, todo lo que soy, se lo debo enteramente a Él, por eso a Él sea la gloria. Dios les bendiga.

Termino con mi versículo preferido: « Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas os serán añadidas » Mateo 6.33

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